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Regina Silveira en vivo y a colores

Autor: Yaíma Guilarte Hernández
15 Mayo, 2015

Los choferes habaneros no deberán alarmarse si dentro de poco encuentran estacionados junto a sus autos un misil o una mosca gigante. La Duodécima Bienal de La Habana será el marco propicio para que la artista brasileña Regina Silveira nos convide a descolocar la realidad cotidiana a través del desafío onírico.


 

¿Qué concepto defiende tras la obra que presentará a partir del 22 de mayo próximo?


La idea es crear un aparcamiento ficcional, una completa ilusión de una realidad imposible en el medio urbano, mezclado con lo cotidiano para transformarlo. La idea es producir un cambio de entendimiento y de percepción de una escena que alude a una ausencia, porque todos los elementos son de movimiento, están ausentes. El mensaje es que todo lo que se mueve, puede aparcarse. Transita por la historia, el pasado, lo físico. Tenemos misiles, tanques de guerra, botes, helicópteros, coches, insectos y se podría seguir creando a través de ese concepto tan abierto de aparcar, o sea, de parar en el tiempo, detenerse.


 

¿Qué técnicas está empleando?


Suelo trabajar con muchos tipos de medios, pero en esta obra en específico estamos utilizando la técnica del stencil, que ayuda a pintar con spray en el piso, son una especie de máscaras o matrices que dejan pasar la pintura. Es un método similar a la serigrafía, en la cual también se imprime en una tela que tiene algunas áreas bloqueadas.


¿Cómo se ajusta su obra al concepto curatorial de esta Bienal?


Primero, esta obra no está concebida para “cubo blanco”, justamente la Bienal se propone unas cuantas acciones e interacciones en el espacio público y no en lugares protegidos y conocidos del arte: está en la calle, dialogando con instituciones y grupos de personas. Es otra propuesta totalmente distinta, entonces por eso ideé este singular aparcamiento. El mismo contexto y modo de operar, conlleva a que no la haga sola, estoy trabajando con un grupo de estudiantes del ISDI (Instituto Superior de Diseño), así podemos agilizar y ellos logran comprender mis estrategias”.


 

¿Qué cree de la tendencia a sacar el arte de la galería?


“En realidad el arte que sale hacia los espacios públicos tiene una larga historia. Está lleno de conflictos, contradicciones y es muy importante que no asuma una función solo estética en el plano visual, sino que promueva y haga una interacción mágica con la realidad. El artista siempre es un poeta que opera de una manera no inmediata, ni utilitaria, ni encadenada físicamente. Siempre debe tratar de hacer una lectura nueva de los signos que propicie una interacción mágica con lo que uno siente en su experiencia de vida”.


 


¿Pudiese abundar en la selección que hizo de los espacios?


“Todo el arte público lleva consigo una porción de negociaciones, no es tan sencillo como llegar con la obra, ponerla en su sitio, iluminarla y “ya está”. Se debe concertar con instancias que no están necesariamente involucradas con el campo artístico. Significa explicar la función de la obra, injertarse como una planta en áreas donde las acciones son otras, pues en ocasiones, aparecen obstáculos que pueden poner en riesgo algunas ideas. Desde inicios del siglo XX el arte tiene un nuevo y muy importante modo de operar que lo relaciona con la vida. Todo tiene diversos matices y tonalidades. En mi propia obra, cuento con ejemplos que operan así, la mayoría con carácter efímero; sin embargo, poseen un fin específico en un lugar determinado.


 


Aquí en La Habana hemos buscado sitios de parqueo para encontrar esta relación poética con el entorno. Si los coches reales aparcan junto a los ficcionales, pues mucho mejor. Ese carácter de fantasmagoría también me interesa. Después de conversar bastante, hemos logrado tres sitios, dos de ellos cercanos al malecón (Palacio de la Artesanía y Avenida del Puerto) y uno junto al Museo de La Revolución, este último va a ser el dibujo más extenso. Ojalá lográramos una oportunidad también en Casa Blanca. Depende además de la cantidad de pintura de la que disponemos”.


 


Me decía que le encantaría la coexistencia de su obra con los autos en el parqueo, ¿se desdibujarán entonces los límites con el espectador?


“Esta propuesta específicamente es de estrellamiento porque se ofrece como inusitada, rara, imposible, como una situación irónica. Espero que pueda ser interpretada así por el espectador”.


 


¿Qué expectativas tiene con la 12 Bienal de La Habana?


Es la tercera vez que participo. La primera oportunidad fue en la edición inicial de 1984 cuando todavía era una lucha traer la obra aquí, había que mandarla primero a París, en esa ocasión envié un grabado. Luego, en la segunda (1986), bajo la curaduría del brasileño Hernán Farías participé con una pieza que se adhería a las paredes, era la imagen de un auditorio distorsionado. Juego mucho con el tema de la política de representación, también durante un tiempo trabajé la distorsión de perspectiva hasta el límite del reconocimiento. Aquella obra se movió dentro de ese universo. En todas han sido diferentes tipos de participación, la obra que ahora presento es completamente distinta. Esta es la primera vez que vengo y me alegra haber podido estar en Cuba por un plazo tan extendido de tiempo. Conozco la historia de la Bienal de La Habana por los catálogos, las conversaciones; pero es la primera vez en vivo y a colores.