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Nosotros no somos artistas, somos catalizadores

Autor: Yaíma Guilarte Hernández
3 Junio, 2015

La Duodécima Bienal de La Habana nos convida a situarnos “entre la idea y la experiencia”, no solo en lo que tradicionalmente hemos denominado arte. Esta fiesta sensorial plantea un campo de acción transdisciplinar que también abarca a las ciencias sociales y la comunicación. La Fundación Alejo Carpentier en La Habana Vieja ha acogido al colectivo artístico chileno CRAC Valparaíso, integrado por la historiadora del arte Paulina Varas y el arquitecto José Llano. El dúo no se conforma con la simple aproximación a una realidad desconocida, pretende entablar un diálogo enriquecedor con varios procesos de la Cuba actual.


 ¿En qué consiste su proyecto Manuales de ejercicios incorporados a la vida?


Estamos muy contentos porque esta invitación a la Bienal de La Habana ha sido algo extraordinario. Nos pareció muy interesante emplear una serie de herramientas de comunicación social, el campo de pedagogía crítica y la comunidad. Nuestra perspectiva es trabajar con un grupo de personas que pertenezcan a distintas generaciones y disciplinas, en las cuales pudiéramos entender-porque es primera vez que venimos a La Habana- qué es lo que pasa en esta ciudad y cuáles son las dimensiones que aparecen en la labor comunitaria y colectiva. Entonces, construimos 3 herramientas de comunicación social: una es un mapa o cartografía crítica del paisaje que incluye desde Playa hasta Camilo Cienfuegos y pasa por esa Habana profunda que abarca San Miguel, Diez de Octubre, Guanabacoa.


 

Las personas del taller hemos elaborado una dinámica de varias horas de trabajo en torno a los temas de estas herramientas. El mapa por lo menos refleja tres lecturas: lugar y recuerdo, mercancía y memoria, futuro o presente continuo. La segunda herramienta es un atlas ciudadano de la capital que cerramos con un curso de un colegio de La Habana Vieja donde los niños mostraban qué pensaban de su ciudad. Algunos tiraron el malecón arriba de las casas, otros propusieron una torre gigante para jugar. El propósito de estos ejercicios es abordar el tema de los límites administrativos de la ciudad, confirmar que todos somos parte de ella y la construimos. No solo intervienen la acción administrativa, política, cultural o social: todos podemos aportar a un imaginario.


 

El tercer elemento es un glosario con 27 letras de la A a la Z para, a partir de estas conversaciones, ir decantando distintos significados. En ellas de alguna manera, hay un inicio y hay palabras que se van detallando. Empezamos a demarcar vocablos que se fueron continuamente construyendo en la medida en que cada uno de nosotros fue definiendo parte de la obra. Todo esto pertenece a lo que entendemos como Manuales de ejercicios incorporados a la vida, así se llama el proyecto de CRAC Valparaíso para la 12 Bienal de la Habana y refleja nuestra inmersión de pedagogía como seres activos dentro de la sociedad, entre los imaginarios y su representación.


¿Ha incorporado una inmersión sociológica?


Creo que sí, ambos trabajamos con esta herramienta desde el centro de residencia del arte contemporáneo CRAC. Estamos situados en la ciudad de Valparaíso en Chile y justamente nos parecía muy interesante esta lectura porque hemos estado aprendiendo de ustedes sobre conservación del patrimonio. Al declarar la UNESCO como Patrimonio a una ciudad, es “El Estado Parte” el que se hace cargo de la conciencia social del lugar. Valparaíso en ese estadio ha debido construir herramientas donde el Estado es un ente importante; pero finalmente los ciudadanos se han hecho cargo de ese accionar y el Estado no se ha comportado a la altura de esa dimensión social.


Hemos aprendido harto sobre legislación cubana, en especial, lo que significa la conciencia de memoria de un patrimonio social, entendiendo todas las complejidades que tienen hoy día en cuanto al alquiler y vivienda, sobre todo en lugares como Habana Vieja, donde hay una densidad increíble de personas en tan pocos metraje cuadrado; sin embargo, creemos que hay una lectura de colaboración bastante interesante. Valparaíso podría aprender bastante sobre lo que en Cuba ha construido, por ejemplo, La Oficina del Historiador, La Voz del Patrimonio Vivo. Desde ese punto y ese contrapunto temáticamente se fueron construyendo determinados hilos de una interpretación que para nosotros era muy importante.


 


¿Qué otros nexos han encontrado entre esta ciudad y la suya?


En el año 63 un documentalista holandés JorisIvens hizo una película llamada A Valparaíso. Haciendo un hilván, descubrimos que en el 1962 Ivenses tuvo en Cuba con Salvador Allende y conoció a Alejo Carpentier, quien le relató sobre Valparaíso porque ya la había visitado. Por esta razón, insertamos un pequeño párrafo del texto de Alejo Carpentier sobre nuestra ciudad. Estando en Cuba en el 61, Salvador Allende invita al documentalista a Valparaíso. Justamente coinciden estos desplazamientos y aparecen imágenes de JorisIvens a partir de esta lectura de ciudad múltiple. Si La Habana está densamente construida, Valparaíso lo está “empinadamente”, y que tiene más de 44 cerros en los cuales vive el 94% de la gente.


 


De alguna manera, la dimensión de Patrimonio coincide con algunas de las lecturas que nosotros hemos visto acá desde el punto de vista comunitario y popular: eso lo llevamos como un tesoro y ha sido la gran riqueza del taller. También nos han beneficiado las personas que han estado con nosotros como estudiantes de Sociología, de Arquitectura, Historia del arte, de la Universidad del Adulto Mayor. Tuvimos la oportunidad de compartir con una profesora de la facultad de Arquitectura que nos dio una clase magistral en una vivienda. Esto ha sido parte del trabajo que hemos emprendido desde el día que comenzamos los talleres. Hicimos un recorrido por Rutas y andares que fue una muy interesante experiencia pedagógica y colectiva”.


 


¿Cómo puede el público visualizar un proyecto como el de ustedes tan abarcador, transdisciplinario y procesual?


Primero, desde las vivencias que ellos mismos han tenido, pueden acercarse a la Fundación Alejo Carpentier y verán mapas, atlas que podrán pintar e instalarlos en la sala. Cada una de las personas que pasen por allí serán artistas de la Duodécima Bienal de La Habana, o sea, nosotros no somos artistas, somos catalizadores: activamos y apostamos por una reacción. Habrá un plano donde podrán verse, reconocerse y saber cómo llegar de aquí hacia allá; pero el único elemento dinámico es el atlas ciudadano, va a estar en constante construcción durante la exposición porque la gente que llegue puede hacer su propio dibujo y pegarlo. El resto de los elementos están fijos porque fueron parte del taller que hicimos, pero el atlas se irá completando. Incluso, podrán enviarnos por correo sus colaboraciones porque, por otro lado, nos comprometemos a crear una publicación de la experiencia en el fondo de La Habana. Estará dirigida a las autoridades, a los directores y a quienes nos invitaron para poder difundir el proyecto. Se mostrarán textos de cubanos en torno a lo que fue la temática de Manuales de ejercicios incorporados a la vida. La participación es mirar, asistir, leer, dibujar, imaginar.